miércoles, junio 10, 2009

23

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Enterró el cuchillo entre las costillas de su inocente víctima una y otra vez. Con fuerza. Con desprecio. Con el rencor acumulado de años de frustraciones, de represiones, de escuchar su monótona voz estorbando su camino, cortando sus deseos, impidiendo sus errores. Harto de su presencia y su constante decisión de guiarlo por el buen camino, ya no pudo más y le encajó el largo y afilado cuchillo ginsu que robó de la cocina de su novia. Una vez seguro de haber acabado con su abnegada existencia, dejó caer el cuerpo y regresó sus pasos a casa de su pareja, esperando, ahora sí, poder usar su cuerpo como objeto de los más sucios pecados. Detrás de él, quedaba el cuerpo inerte de su ángel de la guarda, con sus alas manchadas por los charcos del solitario callejón.
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6 comentarios:

RG Llarena dijo...

Una vez mi ángel de la guarda quiso hacer eso conmigo, pero se dio cuenta que soy ateo y entonces se limito a beber tequila y contar chistes sobre genitales.

Llarena

Karla dijo...

Quizá nuestro verdadero ángel de la guarda es el que nos deja hacer sin recriminación alguna, todo en aras del aprendizaje y la autoexploración.

Quizá ése, que es bueno, sea una tentación del demonio.

Anónimo dijo...

R-

Anónimo dijo...

24?

R-

Anónimo dijo...

25? :(

R-

Anónimo dijo...

Me ha encantado.... esa nota final con la que cierras, con la que sorprendes y dejas caer el peso de tu gran mentira, es hermoso...