miércoles, noviembre 03, 2010

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Todo empezó con un cosquilleo en el estómago. Él estaba en el otro lado del parabús, separado de mí por todos los metálicos asientos vacíos. Veía al piso fijamente, a sus Converse sucios, a una envoltura de Gansito tirada. De pronto levantaba la cabeza y, con sonrisa tímida y las mejillas enrojecidas, me volteaba a ver. Y la revolución en mis tripas aceleraba. Dejamos pasar dos peseras casi vacías. Con las manos temblando y nervioso hasta la médula, se levantó un poco y se acercó un asiento. Eso fue demasiado para mi débil panza.

Sin mucho preámbulo, mi sistema digestivo lanzó como proyectil una masa ácida y espesa. Mi espalda se arqueó hacia el frente y mi vientre se contrajo con fuerza. Olas y olas de inacabables jugos gástricos salían de mi garganta. Él me veía, ya sin pudor alguno, con los ojos y la mandíbula abiertas como coladeras sin tapa. Lloraba y mi garganta ardía. Al fin, tras lo que parecía una eternidad, las convulsiones cesaron. Respiré tranquila y limpié los restos de baba y vómito con mi manga. Sin saber bien qué esperar, volteé a encontrarme con su mirada. Él seguía ahí, anonadado y expectante. Hice una mueca que pretendió ser una sonrisa y justo cuando le iba a decir algo… él se agachó de golpe y expulsó su cena, su comida, su desayuno y, seguramente, el banquete de fin de año. Fueron varios minutos en los que él terminó hincado, frente a las sillas frías, embarrado el pantalón del vómito expulsado por los dos. Cuando terminó, tras una pausa, secó su boca con la manga, como lo hiciera yo y levantó su rostro para verme. Con nuestros gestos, en silencio, nos contamos todos los platillos que ya no reconocíamos, de dónde veníamos, nos pedimos disculpas, nos dijimos ridículos y enfermos… y nos soltamos a reír al descubrirnos el uno en el otro.

Así nos conocimos su padre y yo hace casi 10 años. Y así es el amor: algo que sale de las entrañas sin ningún control. Y eso es lo que escuchan en las noches en nuestro cuarto: Todavía sentimos ese cosquilleo en el estómago cuando estamos solos.
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3 comentarios:

Maya dijo...

Es una de las historias de amor más bonitas que he escuchado últimamente. El giro del final es muy bueno. ¡Te amo!

{{El Diablo}} dijo...

Vómito del corazón, ni más ni menos. Está muy, muy chingón tu texto.


Saludos Enfermos.

Javier dijo...

Realmente profundo; muy bueno :D