martes, junio 30, 2009

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Los restos descansaban a sus pies. Las cabezas perdidas y los corazones destrozados pintaban de rojo el suelo. Su acero chorreaba sangre y su pecho jalaba aire pesadamente. Se tomó un momento para ver el campo cubierto de cadáveres. Suspiró, guardó su espada y emprendió su camino para encontrarse con su caballero. Ella se alejó, llevando tras de sí un ejercito de hombres que, aún después de muertos, no la dejarían en paz.
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4 comentarios:

Karla dijo...

Su perfume ha de ser muy bueno! Dónde lo comprará?

Anónimo dijo...

R-

Anónimo dijo...

Vaya... esto me suena tan familiar....

Anónimo dijo...

No es su perfume... Es el tatuaje Kanji que trae en la cadera.