jueves, junio 23, 2011

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Reporte del Paciente XXXXX:

El paciente llegó a consulta presentando un fuerte caso de ansiedad. Era un hombre que acababa de cumplir los 40 años, robusto, moreno y de estatura media. Tras darle un sedante, el paciente declaró que llevaba varios días sin reconocer a la persona que veía cada mañana en el espejo y ése era el motivo de su estado. Deberá anotarse que no se le tomó muy en serio al principio, pero aun así se le canalizó a psiquiatría para evaluación. El paciente desapareció.

Unas semanas después regresó con un ataque de pánico. Se creyó que esta vez sí se le podría encausar a un tratamiento mental, pero al calmarse un poco nos mostró lo más extraño que se ha visto: Además de perjurar que seguía sin reconocer a la persona en el espejo, el paciente se alteró al notar algo en su cabeza y creer que estaba sangrando, pero al acercarse a examinarlo se percató de la ausencia de masa… de existencia, digamos. El paciente estaba sudando sombras.

En varias áreas cutáneas se presentaba el mismo fenómeno; manchas que surgían de los poros sin ningún tipo de consistencia ni volumen ni componentes químicos. Simplemente eran zonas donde la luz… vamos, donde la luz no se reflejaba. El paciente estaba excretando sombras. Se le tuvo bajo observación durante algunas horas, pero las sudoraciones pararon y la piel regresó a su apariencia normal. Al proponerle al paciente un tratamiento psiquiátrico se negó y decidió marcharse.

Una vez más pasaron varias semanas para que el paciente regresara. Cuando lo hizo, una vez más alterado pero muy controlable, fue porque las sudoraciones ya no desaparecían. Según reportó, la segregación de sombras siguió dándose pero, hasta un par de días antes, siempre desaparecían. Ya no era el caso. Había enormes manchas de penumbra en todo su cuerpo. Fue hospitalizado.

Sus familiares trataron de auxiliarlo y se acomodaron en el hospital. Por nuestra parte, hicimos todos los estudios y análisis que se nos ocurriera sin obtener ningún resultado adverso… excepto por una particularidad: Al realizarle al paciente cualquier tipo de tomografía, resonancia o radiografía, las partes cubiertas por las sombras… simplemente no aparecían. Sin embargo las funciones del paciente seguían normales así que asumimos que todos sus órganos seguirían funcionando con normalidad.

Pasó el tiempo y la transpiración de opacidad se mantenía constante y las áreas oscuras en el cuerpo del paciente se extendían. Al mismo tiempo su ánimo decrecía y se perdía en sus propias ideas. No pasó mucho antes de que su familia lo dejara solo, argumentando que ya no era el hombre que conocieron. El paciente quedó totalmente a cargo del hospital.

Cuando toda su epidermis estuvo totalmente cubierta por esta condición, el hombre se había perdido en si mismo. Casi no lo notamos, por lo paulatino del evento, pero el paciente había dejado de comer y de defecar. Ya no hablaba, no se movía… sólo respiraba. La importancia del caso ya había llegado a todos lados y grupos de investigadores de todo el mundo buscaban alguna respuesta. Ya era imposible hacerle cualquier tipo de examen físico pues su piel de sombra- y la llamo así, pues es la mejor manera de describirla; una piel de sombra- era muy frágil y en los escaneos y pruebas no intrusivas sólo salía una mancha negra. Sabíamos que seguía vivo por su aliento. Hasta que también éste se perdió.

Ignoramos qué fue lo que pasó; no podemos asegurar el tipo de enfermedad que haya sufrido, qué la causo y menos si es contagiosa o no. Para cuando el paciente falleció y creímos poder- al fin- encontrar una respuesta, al realizarle la autopsia encontramos un cuerpo hueco. Un cascarón de hombre envuelto en una fina y delicada piel de sombra.
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3 comentarios:

Señorita F dijo...

Hablando de metaforas... Me encanto!

Alberto dijo...

A los comentarios que te debo.

Muy buena la metáfora y me encantó el desenlace, aunque siento que el inicio del cuento se siente demasiado incierto, como tentativo.

¡Saludos!

Lyla dijo...

Me gustó mucho este, Francisco :)