jueves, febrero 18, 2010

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Habían pasado sesiones y sesiones y no avanzaban nada. Era el tercer terapeuta con quien se trataba y seguían sin resolver el problema: un miedo irracional al estar cerca de cualquier animal. Sudoraciones, temblores y ansiedad le atacaban al ir al zoológico, al caminar en un parque o al visitar la casa de alguien que tenía mascota. El terapeuta estaba frustrado y pensaba en renunciar al caso.

Quizá si su paciente se atreviera a confesar el poderoso hormigueo que le daba en la entrepierna estando próximo a los animales, todo sería más fácil.
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1 comentario:

Maya dijo...

No termina de cuajar. No se el porqué, pero no termina de engancharme, no me llega la historia. Aun así, ¡Una semana más de cuentitos, amor! y ya esta terminando. Felicidades amor, por haber retomado. Te amo!!!