lunes, febrero 22, 2010

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En la oscuridad del claustro, una masa amorfa de cuerpos se mueve y palpita. Una docena de manos recorren la piel desnuda de seis monjas que se pierden entre sí, buscando su calor, su deseo, su falta. Se besan, se penetran, se hunden en la perdición de la carne, sabedoras que son pecadoras confesas. Tienen voto de silencio y sus gemidos son callados, sus orgasmos mudos. Es difícil saber donde empieza la una y comienza la otra. Todas se saben casadas con dios…

Pero su marido las tiene muy abandonadas.
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3 comentarios:

Maya dijo...

Se que al pensar en "Mojas" piensas en sexo. pero definitivamente vale la pena tu mente perversa, ¡Me ha encantado el cuentito! Los orgasmos mudos son algo precioso....

Erika dijo...

jajajaja muy olvidadas... y se hacen justicia divina XD

Anónimo dijo...

cuánto vicio, ni el fuego aterrador del infierno puede purificar vuestras mentes enfermizas